Estaba lloviendo, en medio diciembre más o menos. Se acercaban las fiestas, de hecho, faltaba dos días para navidad. Estábamos en la casa de Pepe. Él y yo. Yo y él. Los chicos no iban a venir porque llovía. Pero en casa no había nadie, asique fui un ratito.
Estábamos
en la habitación de él, acostados, comiendo helado y mirando “la carta en la
botella”. Yo, sensibilidad. Siempre. Lloré desde que empezó hasta que terminó.
Y cuando me quise dar cuenta eran las dos. Pepe me invitó a dormir la siesta.
Hacía un toque de frio, porque hace tres días seguidos que llueve. Entonces
dormimos abrazados.
Me
desperté porque sentí que algo se cayó, y abrí los ojos y era Pepe que quiso
hacerse el canchero y traerme la merienda a la cama. Y como era el pibe mas
tierno y mas hambriento con tantas cosas en la bandeja, queriendo cerrar la
puerta e intentando que no se le caiga nada, hacia que me pueda. Me levanté a
ayudarlo, porque claramente no iba a poder.
-Gracias
por la merienda. Está riquísima.
-De
nada. En realidad no la preparé yo. La preparó mi mama.
-Aaaah,
y te querías hacer el canchero?
-Sip.
Porque me podes. Y porque el hambre también me puede.
Me
empezé a reír a mas no poder. Era demasiado estúpido. Pero me podía. Era la
persona mas tierna, cariñosa, buena persona, congfiable y boludo que hasta
Pedro le puede a un mono.
Amaba
pasar momentos con el, lo amaba a él. Sí, tanto que decía que no estaba segura,
lo estoy. Se que él me hace feliz. Con una sonrisa me hace feliz.
Decidí
volver a mi casa porque eran las ocho y habíamos quedado con mama y Del que
íbamos a salir a cenar las tres. Las mujeres. Llegué, me bañé y cuando lo
estaba haciendo me puse a recordar esa linda siesta que dormí con Pepe. Era lo mas lindo del mundo pasar momentos con
el.
Salí,
me cambié: una pollera negra sueltita y una remera verde que tanto me gustaba.
Me sequé el pelo y me lo planché, me maquillé, no mucho, odio con mi vida el
maquillaje.
Esperé
a que Del esté lista, ya que mamá nos estaba esperando.
Nueve
y veinticinco, llegamos a ese restorán tan lindo que eligió mamá. Siempre que
salíamos con ella íbamos al mismo restorán. Comíamos cosas ricas. Y éramos
mimadas por ella. Después salimos por un helado. Y para los hombres, obvio,
pensamos en ellos.
Llegamos
y estaban viendo un partido de tenis. “Aburrido” pensé. Le dimos el helado y
nos pusimos a ver una peli. Amo y voy a amar toda mi vida a mi familia. Pasar
momentos riendo con ellos son cosas que siempre voy a tener presente. Y esas
pequeñas cosas nos llenan el alma.
Domingo.
Aburrimiento. Paja a todo. Dormir hasta tarde. Escribí en el grupo para ir un
rato a la plaza que queda cerca. Como ninguno tenía nada que hacer todos
aceptaron.
Creo
que me olvidé de mencionar, Ro ahora era parte del grupo. De vez en cuando
íbamos a su quinta que tiene en Tigre a pasar unos días. Otros a la de La.
Cuando
estábamos sentados en el pasto paso este chico, Gastón. El que se vino a vivir
en la casa que era de Euge.
-Boludos
ese chabón está viviendo en la casa que era de Euge. Me dijo que venía de
Rosario.
El
chabón paso con una guitarra adentro de la funda colgada en su hombro.
-Y
si lo integramos? Por ahí se siente medio solo acá en Palermo, vistes como son
todos acá… forros.- Peter
-Sí,
capaz sea buena onda, no sé. Pero podríamos.- Pedro
-De
una chicos. Aparte, por lo que se ve toca la guitarra, y estaría muy bueno.-
Lali
-Sí,
lo mismo opino. Mañana le hablamos.- yo
Y
como asi dijimos, hoy le hablamos. El chabón era muy buena onda. El no tuvo
problema. Lo invitamos a las pizzas de esta noche. Acepto sin ningún problema.
Y eso nos gusto. Lali y Peter le dijeron que traiga su guitarra asi nos tocaba
algo.
Sí,
porque a ellos, Lali y Peter, les encanta la música. En más, La va a seguir
algo de eso. Ya tiene algunas canciones compuestas. A Ro y a Nico, también.
Peter, a Peter le fascina la música. Igual que rugby.
Diez
y media de la noche. Pizzas. Amigos. Música. Más no puedo pedir.
Hablábamos que
después de navidad podemos ir a algún lado. O sea, pasarla juntos. Año nuevo.
Y
habíamos quedado en que sí. En lo de Ro, todo una semana, incluyendo año nuevo.
Doce
y cuarto. Gastón nos canta “alegría a mi corazón” y mientras jugamos al
chinchón. Por quinta vez, perdi yo. Me levante a buscar algo en la mesa, porque
estabmos sentados en pasto. Cuando me levante, sentí como seis manos alzándome
dirigiéndose a la pileta. Si, Pedro, Peter y Nico me iban a tirar a la pileta.
UNO,
DOS, TRES…. Y yo en la pileta. Risas de todos. Que después de cinco minutos ver
volar a Lali y Rochi en la pileta. Cinco mas y que los cuatro se tiren bombita.
Los siete. En la pileta. Con ropa.
Quedamos
en que mañana vamos a hacer una pileteada.
Continuara…
Holaholahola.
Mas a la noche subo masssss. Los quiero
Chinurojas

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